PARA EL DELEITE DE LOS SENTIDOS: DULCES YUCATECOS
Por Redacción
Están elaborados con una fusión de culturas: influencia española, además de métodos franceses y por supuesto mayas; con una presencia que se ha mantenido y perfeccionado por generaciones, aunque en casos como los más autóctonos, desaparece poco a poco.
Tras la invasión española, éstos trajeron –entre otros insumos–, azúcar a Yucatán, la cual sirvió para desarrollar las joyas dulces; durante la evangelización, las monjas del Convento de Nuestra Señora de la Consolación, implementaron la panificación y repostería europea, aunque a falta de algunos ingredientes originales, sustituyeron con los locales, para crear delicias diferentes.
De acuerdo con el Chef Mario Rodríguez, profesor de la escuela Internacional de Chefs, en Mérida, con el tiempo, las monjas fueron exclaustradas y el convento clausurado; de este modo, monjas como Epifanía Sierra –hermana de Justo Sierra–, Catalina Peón o Soledad Muñoz, comenzaron a instruir a las futuras amas de casa, quienes debían ser formadas en esas artes para contraer nupcias.
De toda esa gama de recetas, perviven dulces como el de papaya, calabaza melada, el de yuca, los zapotitos –mazapán de pepita–, pastel atropellado –coco y camote–, caballero pobre –pan capeado con miel–, o el dulce de nance.







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