UNA JOYA TRADICIONAL ¡COCINA YUCATECA DE RAÍZ!
La jerga popular, conocía a este destino ubicado entre Cancún y Playa del Carmen como Muerto Morelos, porque era un pueblo tan tranquilo, que su actividad nocturna era casi nula
La gente solía venir –y mucha lo sigue haciendo– para disfrutar del privilegiado paraíso, que por decirlo de alguna manera es más íntimo; actualmente Puerto Morelos, podría provocar una reacción nostálgica, al recordarnos los viejos años de sus vecinos, esos íconos turísticos de clase mundial, aunque ya se tiene pensado promover e inyectar fondos para hacer “crecer parejo”, al sector turístico en este sitio.
La carretera divide a este contrastante lugar; del lado del puerto, se puede ver un sitio más turístico, donde hacer el mágico encuentro entre el viajero y el mar.
Del otro lado de esa vía Tulum-Cancún, buscaba lo debido, un mercado orgánico del que me habían contado, pero antes de encontrarlo, me encontró la lluvia y un sitio en donde no había comida.
Un tanto decepcionada, no me di por vencida y preguntando, llegué a otro lugar no menos interesante que el objetivo original: un local de comida yucateca con esencia maya tradicional.
Décadas de sazón
Doña Margarita partió de su bello Yucatán para buscar mejores oportunidades, las cuales encontró en Cozumel, paradisiaca isla donde trabajó por más de 40 años, en lo que bien aprendió de manos de las cocineras de su familia, un oficio para deleitar con sabores tradicionales, como lo hacía su abuelita, que se dedicaba a preparaba comida y quien le enseñó los secretos de esa cocina.
Esta cocinera, narró que por ejemplo, no todos en la región saben hacer la receta original de la cochinita, que según nos confesó, debe de prepararse en hoyo de tierra y no sólo condimentarse y a la parrilla o al horno.
Comentó que en el negocio, que lleva su nombre, tiene pocos años, pues luego de trabajar por tanto tiempo en Cozumel, en un viaje de visita a su tierra natal, sufrió un accidente; tras recuperarse decidió cambiar de aires y radicar en Puerto Morelos, donde levantó un negocio de comida tradicional, que por azares del destino tuvo que dejar, cuando le pidieron el local para adjudicarse a la clientela.
Sin darse por vencida, Margarita y su esposo abrieron este lugar, que por un precio accesible sirve manjares con un toque único: Relleno negro o Chimole, Salbutes y Panuchos, Cochinita pibil, mole yucateco, Poc Chuc, Brazo de Reina –o dzotobichay–, Frijol con puerco, Papadzules, Mukbil pollo o Huevos motuleños –y muchos otros platillos–, acompañados de arroz, tortillas hechas a mano y agua fresca.
Ese glorioso día elegí Relleno negro y para ese huequito, Mole yucateco, pues así como los oaxaqueños o poblanos se enorgullecen de sus recetas, quise conocer el estilo peninsular que en su versión de raíz maya, es más dulce y menos densa, para disfrutarse con aves o hasta iguana. Por fortuna aquí se sirve con pollo aunque no descartaría probar pronto el segundo ingrediente. ¡No me arrepentí de pedirlo!
Tampoco el Relleno negro, un conjunto místico al paladar; repleto de texturas y sabores que jamás creerías que armonizan tan bien.
Aunque esta cocinera comentó que está algo cansada de tantos años de trabajo, algo es cierto, al estar cerca de la cocina, su semblante parece mucho muy feliz, tanto como el mío tras probar esas delicias.










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